# LLM vs SLM: no es una pelea técnica, es una batalla de narrativa

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Durante los últimos meses se ha instalado la idea de que existe una pelea técnica entre los grandes modelos de lenguaje y los modelos más pequeños. Se presenta como una carrera por ver quién razona mejor, quién responde más fino o quién gana en benchmarks públicos. Mi experiencia trabajando y probando ambos enfoques es que esa pelea, tal como se cuenta, no es del todo honesta. No porque no haya diferencias técnicas, sino porque el enfrentamiento real no se está dando ahí.

Dónde está realmente la pelea

Lo que sí existe es una batalla de narrativa. Se habla más del tamaño del modelo, del número de parámetros o de la empresa que hay detrás que del uso concreto que se le da en el día a día. Los modelos que más visibilidad tienen suelen coincidir con los que más inversión hay en publicidad, acuerdos, presencia en medios y voces amplificando el mensaje. Eso no los hace malos ni inútiles, pero sí distorsiona la percepción de qué funciona mejor en un contexto práctico.

El foco no está en cómo se usa un modelo, sino en cómo se percibe desde fuera.

El uso diario no sigue la narrativa

En mi trabajo diario no tomo decisiones en función de quién ha ganado el último benchmark ni de lo bien posicionada que esté una marca en redes. Las tomo en función de latencia, coste, control, estabilidad y capacidad de iterar sin fricción. En ese terreno, muchos modelos pequeños resuelven tareas de forma más que suficiente y, en algunos casos, con una eficiencia que no se refleja en el ruido exterior.

No destacan porque no hay interés en empujarlos como producto aspiracional. Simplemente funcionan y hacen su trabajo sin hacer ruido.

Cuando bajas al teclado, cambia la conversación

Cuando se baja al uso real, la discusión cambia. Deja de importar tanto el modelo perfecto y empieza a importar si responde rápido, si puedo ejecutarlo donde lo necesito y si se adapta a mi forma de trabajar. Ahí la supuesta superioridad técnica de algunos modelos grandes pierde peso frente a soluciones más ajustadas al problema concreto.

No es una cuestión de tamaño, es una cuestión de encaje.

No es una guerra de bandos

No digo que los modelos grandes no tengan su sitio. Lo tienen, y en determinados escenarios son la opción correcta. Lo que cuestiono es la idea de que estén ganando porque sean objetivamente mejores en todos los casos. Lo que están ganando es presencia, atención y narrativa.

Y eso no siempre coincide con lo que mejor funciona cuando te sientas delante del teclado y necesitas sacar trabajo adelante.

No es una defensa de un bando ni un ataque a otro.

Es simplemente una observación desde dentro, después de probar, pagar, medir y descartar.

La pelea que se ve desde fuera no es técnica.

Es comunicativa.

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